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"Proceso Psicoanalítico"
>Proceso psicoanalítico< es un término muy frecuente en nuestra literatura actual, en discusiones clínicas y en hechos administrativos. El término frecuentemente se usa en un sentido mas general para indicar cualquier cosa conectada con el psicoanálisis clínico. Se puede, sin embargo, referir al >proceso psicoanalítico< para indicar más específicamente una distinción entre un psicoanálisis que está funcionando bien y uno que no está funcionando bien, o para sugerir la presencia o la ausencia de una comprensión del psicoanálisis clínico. Por ejemplo, si siguiente uso evaluativo aparece en un informe no inusitado de un supervisor: > El Dr. X ha demostrado a mi satisfacción que él entiende muy bien lo que es el proceso psicoanalítico, y que sabe cómo conducir un análisis.< Abend (1986) se concentró particularmente en el uso del concepto del proceso psicoanalítico para propósitos evaluativos, por ejemplo, en disciplina o en certificación. Dice: >...proceso es un concepto muy usado pero mal definido. [Las crónicas] implican que verdaderos y válidos procesos psicoanalítico pueden ser distinguidos de procesos terapéuticos de tipos distintos, aunque no necesariamente en un caso dado por el terapeuta cuyo trabajo se discute. Los criterios para llegar a esa distinción no son usualmente explícitos... La evaluación del proceso psicoanalítico parece estar inextricablemente conectada con la manera como los analistas entienden la materia clínica. Así, es inevitablemente subjetiva y esta afectada por las sensitividades individuales de cada terapeuta, tanto corno por sus convicciones teóricas.< (pp. 226- 227) La idea del proceso psicoanalítico es atractiva porque suena tan fundamental, tan aparentemente conectada con eventos clínicos. que la mayoría de los analistas sostienen que saben lo que es >el proceso psicoanalítico<---como el supervisor citado obviamente supone. Cado uno de nosotros, a veces, mientras trabajamos, tiene a convicción de que un >proceso psicoanalítico< está ocurriendo. Aun la atención casual a la variedad de usos, sin embargo, revela que Abend tiene razón, y que lo que el concepto envuelve no está claro. Quizás hemos desarrollado usos del término que no son mutuamente compatibles. Ademas del uso para designar la diferencia entre psicoanálisis u psicoterapia, y entres un análisis bueno y mal análisis, >proceso psicoanalítico< se usa para expresar opiniones de cuan interactivo debe ser el analista; el papel relativo de penetración versus relación en el tratamiento; de que es esencial para la ‘curación’; y también para designar cualquier o todos los pasos desde el comienzo hasta el fin del contacto entre paciente y analista. ¿Es el concepto de proceso psicoanalítico demasiado global o demasiado abstracto para ser útil? ¿Puede ser útil para algunos propósitos y no ser útil para otros? ¿Por que es tan popular en nuestras discusiones actuales?"El psicoanalista puede ciertamente hacer mucho, pero no puede determinar por anticipado exactamente que resultados obtendrá.. Comienza un proceso, un proceso para resolver represiones existentes. Puede supervisar este proceso, adelantar lo, remover las obstáculos en su camino, e indudablemente puede viciar lo. Pero, en general, un vez comenzado, va por su propio camino y no permite prescribir ni la dirección que tome, ni el orden en que seleccione los elementos." Freud, 1913, SE 12:130. Este párrafo de 1913 es el punto de referencia para la mayoría de las discusiones del >proceso psicoanalítico<. Mientras que a pocos de nosotros nos satisface ahora caracterizar la acción de psicoanálisis tan sencillamente como "la resolución de las represiones", las frases de Freud todavía parece capturar algo fundamental del trabajo psicoanalítico clínico. Actualmente algunos le dan la acepción a los términos >proceso psicoanalítico< como cambios en la mente del paciente mientra están bajo análisis (Rangell, 1968; Abrams, 1987). Otros se refieren a los recursos con los que los cambios se provocan, a l interacción entre paciente y analista (Dewald, 1978; Weinshel, 1984). Todavía otros los conciben com un >modelo de proceso< (Thomä y Kächele, 1987), un noción en el pensamiento de un analista dado de una secuencia de eventos previsibles derivados de una comprensión general de tratamiento o de la psicología humana. Un sentido adicional, e más sencillo (aunque no tan sencillo como parece) es: todos los pasos desde el comienzo del contacto entre paciente y analista hasta el fin del contacto. La relación del concepto del >modelo de proceso< con los tres otros usos es compleja.. Thomä y Kächele distinguen dos tipos generales de modelos de proceso (1987, pp. 331-352). En uno, el proceso de tratamiento se ve como un evento que ocurre naturalmente; el rol del analista es apenas especificada; la transferencia emerge y eventualmente se resuelve por el paciente con el analista en un ro! de algo así como observador-acompaZante tácito. Designan ésta visión como una >...ficción del proceso psicoanalítico purificado de la persona real del analista...< (p. 337).El segundo tipo de modelo de proceso que Thomä y Kächele descubren comprende el proceso psicoanalítico como algo que> Se constituye y desarrolla recíprocamente< (p. 348). Se piensa que,. en estos modelos, Ia idea del analista sobre eli proceso psicoanalítico, tanto como su personalidad, ejercen una influencia sobre el curso de eventos. Estos psicoanalistas prefieren considerablemente este tipo de modelo. Podemos ver que los usos de Rangell y de Abrams son del primer tipo de modelo de proceso: lo que es esencial pasa en la mente del paciente; se quita el énfasis del rol del analista. Aunque mucha atención se preste al analista bajo la rubrica de técnica, cuando el >proceso< se considera, el rol del analista se ve solamente com >analizante<. Las expresiones del analista son abastecimiento de principios técnicos; como el analista llega a estos no se especifica. La preferencia por el tipo reciproco de modelo de proceso no necesariamente constituye una recomendación para ningún grado particular de actividad por parte del analista. Se necesitan dos personas para que el análisis ocurra. Los usos de Dewald y de Weinshel est dentro de esta categoría. Llamaré el primer tipo de modelo el >modelo de proceso de flujo natural< y el segundo tipo el >modelo de proceso interactivo<. Cada un puede ser considerad como un concepto polar. El modelo de proceso interactivo, se puede decir, purifica el trabamiento de la persona real de ambos, el analista y el paciente, en el sentido de que la continuidad que cada uno lleve a la interacción no es reconocida. Thomä y Kächele ven dos personas juntas como una situación social y requieren que una explicación de lo que pasa entre ellas es >genuinamente científico-social<. Analizan los modelos de procesos de Menninger y Holzman (1958). Fürstenau (1977; un modelo de recapitulación desarrollante), Kohut (1984), y Weiss y Sampson (1984) según estos criterios, tanto como presentan su proprio modelo de proceso. Esta visión, derivada de una tradición de investigación psicoterapéutico tanto como de la práctica analítica, se puede usar para reconocer lo que es, en vez de para proscribir lo que debe ser. La >cosa< que es el objeto de atención, sin embargo, no es la misma en los varios usos. Si >modelo de proceso< significa una idea o una teoría que existe en la mente del analista, por la cual el se orienta a si mismo hacia lo que dice el paciente y por la cual él planea (conscientemente o inconscientemente) sus respuestas: entonces el >modelo de proceso< no se refiere a 1o que se refieren los otros tres uses. >Modelo de proceso< será unos de los constituyentes que producen los eventos del tratamiento. El analista con un modelo de proceso oirá come significativas cosas diferentes de las que oirá un analista con otro modelo de proceso, además de responder diferentemente aún a las mismas cosas oídas como significativas. Los analistas. entonces, discreparán de lo que es el proceso psicoanalítico >real< o >verdadero< o >válido< según donde posen su mirada en el espectro de tipos de modelo de proceso y según el subtipo particular que apoyen. El concepto del modelo de proceso se puede interpretar a otro nivel, sin embargo, uno al que se aplica mejor el criterio puro o> genuinamente científico-social< de Thomä y Kächele. El cuarto sentido de proceso psicoanalítico---todos los eventos que transpiran entre el paciente y el analista desde el primer contacto hasta el final---requiere esta última perspectiva. El punto en cuestión aquí, como lo veo yo, es: ¿Qué es ahora lo que puede ser estudiado científicamente y por quién? Al comienzo del psicoanálisis, en el contexto de la tradición médica de esa época y la metodología de indagaciones entonces vigente, Freud razonablemente comenzó a estudiar al paciente científicamente, tratando de crear un situación como un experimento o, por lo menos, una observación natural científica.. Cuando el rol del analista como observador participe (como el de todo los científicos, pero mas intrínsecamente participante) se reconoció, sin embargo, el estudio del paciente por el analista en la situación psicoanalítica inevitablemente debió ser visto como un sujeto para estudiar en si mismo; es decir, las situación de las dos personas se vio com un objeto de escrutinio científico. Esta perspectiva permite la aplicación de una metodología objetiva en una manera que la visión anterior no permitía. No exige que el analista en la situación clínica abandone la visión de si mismo como científico, observando, conjeturando y buscando confirmación o negación or reorientación pera sus conjetura. Tampoco elimina ningún modelo particular de proceso, aunque requiere, por lo menos, algún grado de cambio en el modelo de flujo natural. Esta visión necesita, sin embargo, acentuar la modestia sobre la objetividad ultima de uno mismo como instrumento de la ciencia en el consultorio. Hay una concordancia de apoyo para tal alteración, hacia la visión de la naturaleza interactiva del tratamiento psicoanalítico, de fuentes sorprendentemente diversas. (Otra vez, es importante recordar que >naturaleza interactiva< no implica de ninguna manera que la acción reciproca sea buena o mala, ni que mas o menos acción reciproca sea menos o mas deseable.) Un ejemplo notable de esto esta en la literatura sobre >la transferencia< y >la contra-transferencia<. Brenner (1982, por ejemplo) dice que la transferencia y la contra-transferencia son dos nombres para la misma cosa. Su razonamiento contra la idea de la >relación real< se entiende mejor en el contexto de lo que es, esencialmente, un razonamiento contra la transferencia como concepto: todas las relaciones entre los seres humanos son configuraciones de compromiso; la relación entre el paciente y el analista no es diferente en este respecto de otras relaciones sociales. Esta es muy similar a la idea de la analista Kleiniana, Paula Heiman (1950), conceda de los analistas norteamericano a través del trabajo de Otto Kernberg (1965), de la interpretación mas amplia de transferencia y contratransferencia: los conceptos incluyen todas las emociones del paciente hacia al analista y vice versa, no sólo distorsiones de la >cosa real< por invasiones del pasado infantil. Es claro, entonces, que la transferencia, como las defensas y conflictos por lo general, no se puede eliminar, y nunca se resuelve. Una formación de transigencia se reemplaza por otra formación de transigencia. Mientras que no hay ninguna implicación de roles idénticos en el tratamiento, la no-eliminación de la (contra) transferencia se aplica tanto al analista como al paciente. Las intervenciones del analista también se entienden más bien como configuraciones de compromiso. No hay ninguna >relación real> que se puede distinguir de las distorsiones de transferencias puras. Necesitamos especificar el sentido de >formación de transigencia<. Ha habido problemas para determinar los límites de unidades o elementos de configuraciones de compromiso tal como están delineadas por Brenner, tanto como ha habido problemas para determina los límites de, por ejemplo, un >elemento> de un sue Zo tal como fue delineado por Freud. En efecto, esto se hace intuitivamente por clínicos, y son necesarios estudios para determinar cómo opera tal intuición. La base de teles intuiciones, es decir, el modo de cognición de las que se forma, se puede clarifica ahora: siempre estamos analizando ‘algo; aún el analista considera su actividad como el análisis de un paciente, todavía debe seleccionar algo, explicito o tácito, como objeto de análisis—un sueno, un desliz verbal, un modelo repetitivo de relación. Así, cualquier formación de transigencia particular es algo seleccionado intuitivamente por un clínico como objecto de análisis. No tenemos ahora un teoría mas elaborado de como se selecciona un >elemento<.Quizás la manera mas sencilla para justificar la declaración que la naturaleza de psicoanálisis clínico es interactivo es lo siguiente: un analista dado se conduce, intuitivamente, de manera diferente con pacientes distinto; lo que se siente como necesario con uno puede ser aterrorizador con otro. Presumiblemente, varios analistas, aún si se subscriben a una orientación teorética idéntica (modelo de proceso, aproximadamente), se condecirían distintamente con el mismo paciente, contando con la estructura de carácter, las idiosincrasias personales, et cetra., de cada uno (Cooper, 1989; Jacobs, 1989). Par subrayar esto a un nivel fundamental: Boesky (1989) ha propuesto que las resistencia es una creación mutua el paciente y el analista. Aisladamente, estas declaraciones, sin embargo, crean una visión desequilibrada. Un analista no es enteramente distinto con varios pacientes; y un paciente con distintos analistas es todavía una persona que puede ser reconocida como la misma persona. Los mismos conflictos y las mismas configuraciones de compromiso aparecerán con distintos analistas aun cuando las manifestaciones superficiales difieran (J. Earle. Comunicación personal). El esfuerzo analítico puede ser interactivo; cumplir los roles de paciente y analista será un fenómeno único para cada par; pero ningún participante es creado por la interacción profesional. Si, entonces, no hay ningún proceso natural que sencillamente surja a menos de que esté viciado; si no hay ninguna resolución de transferencia; si el analista que conduce el análisis es, como el paciente, un ser humano conflictivo que interactivamente forma el curso del tratamiento sobre la base de su modelo de proceso, >contratransferencia< y otros factores: entonces, no hay ningún proceso analítico >correcto o verdadero o real o válido<. Tales disputas se refieren a modelos de procesos que compiten. El psicoanálisis clínico se mide, como cualquier otra cosa, por sus resultados---por estudios de consecuencias, y no por referencia a los términos teoréticos del modelo de proceso particular que Se usa (cf Kris, 1982). Múltiples modelos de procesos, si cada uno puede ser especificado descriptivamente, se pueden comparar mutuamente, según los resultados. Los tipos de conductas de los analistas que se pueden derivar de distintos modelos de procesos, si tales conductas se pueden especificar descriptivamente, se pueden comparar en estudios procesos---es decir. estudios de mini-resultados (Kiesler. 1986) en relación a sus panes posibles para producir resultados. Esta conclusión, el juzgar por los resultados, sin embargo, presupone una visión no compartida por todos los analistas y la cual, creo, esta siendo progresivamente desde Zado sin saberlo. A veces, parecemos pensar que el análisis es un tratamiento, y otras veces, un tipo de experiencia de enriquecedora de la vida, corno la educación o el entrenamiento físico, según nos convenga. El modelo de tratamiento tiene ciertas ventajas claras: se puede comparar con ideas médicas de tratamiento las cuales están siendo actualmente más específicamente desarrollados dentro de un contexto de conceptos interconectados. Una enfermedad es constituida por un proceso patológico que tiene una causa o etiología. El procedimiento de tratamiento consiste en la aplicación o administración de un agente terapéutico. Un agente terapéutico es lo que se interpone en el proceso patológico; esta interposición Se puede llamar el proceso terapéutico. El resultado del proceso terapéutico más los procesos de cura es el resultado del tratamiento. Los agentes terapéuticos se pueden comparar según su eficacia, eli uno con el otro o con algún agente de eficacia demostrada que sirva como una medida de comparación. Los agentes se pueden comparar también en términos de efectos adversos y costos, para balancear los contra el de eficacia..Los disturbios funcionales que se conciben como psicológicos se deben últimamente a anomalías funcionales o anatómicas del sistema nervioso central, porque la mente es una función del cerebro. La experiencia puede solamente producir efectos en tanto que altere el cerebro. Sobre estas bases el modelo de enfermedad/tratamiento debe aplicarse al psicoanálisis clínico. Desafortunadamente, la delimitación y la clasificación de entidades patológicas no están muy avanzadas en psiquiatría por lo general, y en a Zos recientes los analistas las han descuidado mucho. Entramos rápidamente en una nosología de DSM III, sin tener mucha influencia sobre ella..En el tratamiento psicológico de una enfermedad psicológica—psicoanálisis clínico según el modelo de tratamiento—las correspondencias siguientes se aplican. Un proceso patol ógico existe en la mente del paciente antes y durante el contacto con el analista. El procedimiento de tratamiento es la iniciación y mantenimiento de la situación psicoanalítica, un tipo distinto de relación profesional, dado por actitudes, arreglos, instrucciones e intervenciones específicamente psicoanalíticas transmitidas por el analista. Cualquier proceso terapéutico y proceso de cura que se de tiene tugar en la mente del paciente. El agente terapéutico es la interacción del paciente y el analista. El resultado de tratamiento es un concepto estadístico. En este contexto el proceso terapéutico es el >proceso psicoanalítico< de Rangell y Abrams; el agente terapéutico, el instrumento por eli que el cambio terapéutico ocurre, la >cosa< que interfiere con el proceso patológico, es el >proceso psicoanalítico< de Dewald y Weinshel. El >proceso psicoanalítico<, en et sentido de modelo de proceso< es un aspecto de ambos enfoques, y también es un punto de vista que incluye un procedimiento, agente y proceso terapéutico--->todos los eventos...<.Si no se piensa que la persona que viene para ser psicoanalizada y que se considera aceptable para ese trabajo, esté enferma. entonces ¿Cómo se piensa en el contacto a seguir? ¿Cómo se categoriza sus métodos? ¿Cómo se piensa en sus metas? ¿Cómo se decide cuando esta completo o bastante completo? ¿Y cómo medir sus resultados y contra qué? Esta perspectiva frecuentemente se asocia con una exploración no-discernidora de la relación entre el paciente y el analista, a la que se le adjudica un valor inherente, sin ninguna meta en particular en mente; o, alternativamente, con una idea de la meta como >verdad narrativa< o >verdad intersubjetiva<, sin ninguna idea de causalidad. (vea Grünbaum, 1984; Edelson, 1989, para criticas cogentes de estos enfoques.) Hay, sin embargo, razonamientos interesantes para considerar el psicoanálisis como un procedimiento de cambio en vez de un procedimiento de tratamiento, especialmente en la literatura de investigaciones psicoterapéuticas. El problema, el procedimiento y el resultado pueden ser ajustados individualmente a cada paciente, en vez de definidos por medidas derivadas de grupos psicopatólgicos mal-definidos (Dahl, 1987). Los problemas vienen al comienzo y al fin del procedimiento, como la tabla de correspondencias siguiente indica.Modelo de Tratamiento Modelo de Cambio proceso patológico ? procedimiento terapéutico procedimiento de cambio agente terapéutico agente de cambio proceso terapéutico proceso de cambio? proceso de cura proceso de cambio? resultado de tratamiento ?
Thomä y Kächele (referidos arriba) han presentado lo que llaman el >modelo de proceso de Ulm<, cuyo dise Zo parece ser bastante amplio para incluir todos los otros modelos de procesos—un >concepto focal<. Foco se refiere a >...el tema mayor de actividad creada del trabajo terapéutico, la cual resulta del material ofrecido por el paciente y por los esfuerzos del analista para comprender...[Los] focos individuales están ligados mutuamente por un conflicto central...Nuestro modelo provee de un marco de trabajo para entender procesos psicodinámicos en situaciones muy distintas, ye pueden aplicarse a terapias cortas y largas. Es compatible con varios enfoques teoréticos en psicoanálisis...[Es] una concepción del proceso como terapia focal, no-limitada temporalmente, con un foco cualitativamente cambiante...(1987, pp. 350-352).El modelo de Ulm a Zade al cuarto sentido, el sentido más básico del >proceso psicoanalítico> —todos los pasos desde el comienzo del contacto entre paciente y analista hasta el fin—un grado de organización que es tan parsimonioso como uno pueda imaginar. Ciertamente otros modelos de proceso a este nivel son posibles, pero un menor grado de imposición sobre los eventos reales del psicoanálisis clínico es improbable.Sobre las base de las consideraciones presentadas, mis conclusiones son las siguientes. 1) No hay ningún estudio que ha demostrado ninguna diferencia esencial entre el psicoanálisis y otras formas de psicoterapia. 2) No tenemos ninguna justificación para desechar ningún modelo de proceso actualmente promulgado, aunque, en mi opinión, hay muchos argumentos sólidos para preferir uno entre otros 3) Los que prefieren un modelo de proceso de flujo natural, cuyo concepto del >proceso psicoanalítico< es >un proceso terapéutico<, dan la prioridad a una teoría de la mente, la prioridad tradicional del psicoanálisis. Los que prefieren un modelo de proceso interactivo, cuyo concepto del >proceso psicoanalítico< es el de un >agente terapéutico< dan la prioridad a un teoría del tratamiento, un tema algo descuidado en psicoanálisis. 4) Las diferencias que cuentan entre formas distintas de psicoterapia (incluyendo las formas que se basan sobre modelos de procesos actualmente designados com >psicoanalíticos<) deben ser demonstradas por estudios comparativos de resultados, no importa cuan complicado sea. (Para un ejemplo aproximado, vea Elkin et al, 1989) Estas conclusiones conducen a la consideración de otro problema, uno que Boesky (1989) ha designado como nuestra falla en desarrollar una metodología de la evidencia. Cooper (1989) ha enunciado felizmente una porción de este problema >No hay ninguna evidencia que conduzca a un analista fuera de un teoría favorita.< Como Boesky dice, hemos dolorosamente ignorado el desarrollo de un rnetodológia de ta evidencia. A mi parecer, lo más fructífero es usar la idea de >proceso psicoanalítico< , y su discusión debe conducir al logro de dicha metodología por rnedio de estudios comparativos de procesos y de resultados. La discriminación de hipóteses en la teoría de la mente depende primeramente (pero no exclusivamente) de resultados clínicos. La discriminación de resultados clínicos depende de la objetivación de la situación clínica como un todo que incluye al analista, al paciente y su interacción. Para este proyecto, la visión científico-social de Kächele y Thomä es muy útil. Tal enfoque sobre una >relación psicoanalítica< no es una idea enteramente nueva ni representa ningún abandono de una teoría de la mente como un asunto ni el asunto central. (Por ejemplo. Vea Spruiell, 1983.)Hay varios hechos disponibles sobre esa base para comenzar (aunque deberían llamarse supuestos, no envuelven, por lo menos. términos teoréticos para el psicoanálisis). La persona que va a ser designada como el paciente existe antes del contacto con eli anatista y se constituye, entre otras cosas, de una función del sistema nervioso central que podemos designar como ‘mente’. Se puede decir lo mismo de la persona que va a ser llamada el ‘analista’. "Paciente" y ‘analista’ son roles, es decir, están definidas socialmente. El paciente quiere cambiar algo psicopatología o patrones de conducta de inadaptación o?) y el analista asume tener el conocimiento especial o la habilidad especial que permitirá o facilitará el cambio deseado. La realización del cambio en el paciente que retribuye de alguna manera al analista constituye el contrato, el objecto del contacto entre las dos personas. Este contrato, así, define una relación profesional, un tipo particular de interacción social. Podemos ahora buscar una descripción de conductas del paciente y del analista dentro de ese arreglo, tan libre como sea posible de términos teoréticos psicoanalíticos, y que estaría visto como apropiadamente descriptivo por un segmento significativo de la comunidad analítica (aun se este se limite primariamente a adherentes do solo uno de los muchos modelos de procesos posible). Alternativamente, podemos tratar de incluir elementos descriptivos de varios modelos de procesos actuales (por ejemplo, estructura/conflicto, Kleinian, relaciones objetos, Kohutian hermenéutica) y tratar de discernir elementos convergentes y elementos divergentes en la descripción según el grado del consenso total. En cualquier case, mi preferencia es que >proceso psicoanalítico< significa las listas, no la explicación de las listas. Presentare el catalogo mio de tales elementos en otro trabajo. Tales listas deben excluir términos teoréticos para el psicoanálisis deben incluir, ademas de descripciones del comportamiento del paciente, comportamientos del analista y, también, elementos que se aplican a la interacción concebida como objeto de escrutinio en si misma. Necesitamos también ver mas objetivamente como el analista analiza, com algo distinto de >confesiones auto-reveladoras >a las que Kafka (comunicación personal) objeta correctamente. Se están desarrollando ahora métodos útiles para abrir ventanas en la >contratransferencia< (por ejemplo, Escribens, 1988) CONCLUSIONES La idea de un proceso psicoanalítico empezó con la teoría de Freud de que existen fuerzas de la mente que son inconscientes pero continuamente pujan por expresarse, y con su implementación técnica de esa idea: en las circunstancias correctas tal expresión, aunque no pueda ser gobernada ni dirigida, es de valor terapéutico en algunos tipos de enfermedades mentales. Usamos >proceso psicoanalítico< hoy para significar varias cosas y con varios propósitos, incluyendo la descripción de hechos clínicos y evaluación de la habilidad clínica (Abend, 1986). Si se debe demostrar capacidad para entender y para promulgar un >proceso psicoanalítico< para llegar a ser un analista, debería existir un concepto bastante claro. Y no existe, hasta ahora. Esta situación desafortunada tiene que ver con nuestro hábito de aceptar la teoría como una descripción, y con nuestro fracaso para desarrollar un metodología de la evidencia. Quizás también refleja la erosión de la unidad científica y de la identidad profesional. A pesar de alguna perdida de consenso en lo que tratamos de hacer y en como tratamos de hacer lo, ha habido cambios bienvenidos en nuestra visión de nuestro trabajo clínico. El reconocimiento del rol del analista inevitablemente interactivo ha emergido de diversos orígenes teoréticos. Posemos usar est reconocimiento para conceptualizar mejor lo que tenemos para estudiar, para ver al proceso clínico como un serie de mini-resultados en la interacción entre el analista y el paciente. La utilidad del analista individual aislado convenciendose a si mismo y a otros de la exactitud de un teoría con momentos u horas ilustrativos del paciente esta agotada ampliamente. Necesitamos expandir nuestro participación en grupos de estudio de hechos clínicos por largo tiempo. Además, tenemos que usar métodos formales de investigación—datos reproducibles, intentos de investigación y medidas de procesos y resultados. Podemos continuar procediendo como científicos en la situación clínica; continuar reconociendo que la mente existe cuando se esta solo, no solamente en la presencia de otros; continuar reconociendo que la no-interactividad del analista es relativa, y que el proceso de tratamiento, el agente terapéutico, esta constituido por una interacción; que la auto-comprensión y la reacción están inextricablemente unidas a aspectos del tratamiento psicoanalítico. REFERENCIAS Abend, S. (1986) Some problems in the evaluation of the psychoanalytic process. In: AD. Richards and MS. Willick, eds. Psychoanalysis: The Science of Mental Conflict. New York: Analytic Press. Abrams, S. (1987) The psychoanalytic process: a schematic model. Inter. J. Psycho-anal., 58 :44 1-452. Boesky, D. (1990) The psychoanalytic process and its components. Psychoanal Quart, 59 Brenner, C. (1982) The Mind in Conflict. New York: IUP. Cooper, A. (1989) Some thoughts on how therapy works. Unpublished,. 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Allan Compton, M.D. Los Angeles Center for Psychoanalytic Research Given at Sociedad Peruana de Psicoanálisis, 1988. Revised 2003. |